Acaricia y déjate acariciar

Acaricia y déjate acariciar

Para los niños y niñas el sentirse queridos y apoyados es fundamental para un desarrollo adecuado. Las caricias, los abrazos y los besos contribuyen a crear un ambiente de seguridad y confianza que les permitirá crecer y explorar su entorno sin temores.

Si estos contactos se han producido de forma esporádica, pueden no llegar a desarrollar un vínculo de apego seguro y, como consecuencia, en las relaciones que establezcan con su entorno se desenvolverán con menor seguridad y confianza. Por lo tanto la figura de los padres y sus muestras de afecto durante los primeros años de vida son fundamentales e influye en su cerebro de manera determinante.

Está comprobado que aquellas personas que no han sido acariciadas de bebés tienen mayores posibilidades de sentir carencias afectivas a lo largo de su vida. Hoy en día, muchos profesionales ya saben que según el tipo de crianza que se reciba de pequeños, el carácter y manera de afrontar diferentes situaciones de estrés o en la que se requiera la empatía, es distinta en aquellos que han sido acariciados a los que no. Los bebés que han desarrollado un apego inseguro se mostrarán más fríos, menos empáticos y tendrán mayores problemas de confianza y baja autoestima. Estos niños y niñas, a la hora de establecer una relación de pareja en el futuro, tendrán más dificultades y tenderán a reproducir los patrones que inconscientemente aprendieron en su infancia.

Pero la demanda de sentir ese “calor humano” no es exclusiva de las primeras etapas de la vida, en edades posteriores también necesitamos estas expresiones de afecto y reconocimiento para sentirnos bien. Las caricias tienen el poder de proporcionar a las personas seguridad y aprecio, por lo cual son facilitadoras de la comunicación y permiten una vinculación más estrecha.

Por lo general, una pareja sostiene cierto nivel de contacto físico, y entre las expresiones de cariño, las caricias son muy empleadas. Ya sean toques leves o con mayor intención, un pequeño roce o una llamada de atención.

Nos encontramos mejor cuando estamos cerca de nuestra pareja y nos acaricia sin motivo, es un hecho. ¿Por qué es así? Como siempre nuestro cerebro tiene todas las respuestas. Al parecer cuando alguien nos acaricia, en nuestro cuerpo se desencadenan una serie de respuestas. Entre ellas está la calma, pues son capaces de disminuir la tensión y el estrés; nos invitan a confiar en la otra persona. Pero no sólo son relajantes, también pueden ser estimulantes, pues transmiten el deseo que sentimos por el otro; por lo tanto son un arma excelente para caldear el ambiente.

La mayoría de las parejas otorgan mucha importancia a sus encuentros eróticos como forma de evaluar que todo esté bien. Acariciarse es algo muy común al comenzar una relación nueva, pero en ocasiones, según va pasando el tiempo, las caricias se emplean únicamente con el fin de conseguir la excitación. Dejar que esto ocurra es una pena.

Quizá debamos empezar a considerar y revalorizar otras muestras de afecto. Comenzar a pensar que por ejemplo, las caricias son un elemento indispensable para sentirnos queridos, conectados y apoyados. Son un medio para estrechar lazos y generar un ambiente de cariño y comprensión en el que sentirnos seguros y protegidos.

Que las caricias formen parte del día a día es muy provechoso para la relación. Acariciar y permitir que te acaricien es una manera más de expresar sentimientos y de demostrar que estás allí sin la obligación de utilizar palabras.

Un consejo: regala de vez en cuando una buena sesión de caricias, es gratis y demostrarás que la otra persona es importante para ti.

Lucía Sumillera Gómez.

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